El Tabanco

Un tabanco en el corazón de Jerez

Así es, en efecto. En el mismísimo corazón de Jerez, entre dos de los bares más señeros de la ciudad y a dos pasos del Teatro Villamarta y del edificio de Correos, se encuentra situado este tabanco, considerado el más antiguo de la ciudad, ya que fuera inaugurado por su primer dueño, don José González Navarro, el 16 de diciembre de 1925, año de fastuoso recuerdo, pues vinieron los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg a coronar a la Virgen del Carmen, en el Parque González Hontoria; habiendo con dicho motivo diversos acontecimientos culturales, opera y corrida de toros.

Tabanco el Pasaje en sus comienzos

Pero “El Pasaje” había sido antes, a principios del siglo XX, tienda de comestibles y luego sede de una peña donde se reunían los camareros jerezanos; pasando a principios de los años veinte a convertirse en el tabanco “La Fortuna” de don Domingo Jiménez; hasta cambiar de nombre, en 1925, adoptando el actual de “El Pasaje”, debido a que el local posee dos entradas al mismo; la principal, por la calle Santa María número 8, y la posterior, por calle Mesones 7.

Actualmente, la nueva dirección de esta casa ha rescatado una parte de la accesoria que permanecía tapiada desde tiempo inmemorial, recuperando la piedra de cantería de la misma, y dándole a este típico tabanco un aspecto más confortable, al poder instalar, en dicho espacio, algunos veladores para su estimada clientela.

Los diferentes tipos de vinos, que tradicionalmente se expenden en este viejo y popular tabanco, conservados en pequeños barriles, de los que se extrae directamente a la vista del público, pertenecen a la acreditada firma bodeguera del Maestro Sierra, con la insuperable calidad que la misma distingue a sus distintos productos.

Juan de la Plata

Un lugar mágico

Hay lugares mágicos donde coinciden las almas sedientas de la mística del vino, su comunión fraterna y la conversación que emana de los espíritus etílicos.

Tabanco el Pasaje, mirando a Sta. María

Tabanco el Pasaje, mirando a Sta. María

Lugares donde los hombres nos despojamos de la máscara o lucimos otra más efusiva y desenfadada. Lugares con identidad propia, hecha por la solera de los años, forjada en el transcurso de generaciones que nos han ido poblando e impregnando, de tal modo que algo se ha quedado del alma de quienes lo gozaron. Uno de estos lugares es El Pasaje, curioso establecimiento con dos entradas dispuestas en calles paralelas, de manera que, atravesándolo, es posible pasar de una a otra. Está ubicado, desde 1925, en el mismo sitio de la calle Santa María o de la calle Mesones, según se mire -o accedamos- de Jerez de la Frontera.

Entremos por Santa María. Un biombo en la puerta protege de miradas indiscretas. En su interior, nos recibe un arco apuntado forrado de madera. Llegamos a la barra. Podemos seguirla a lo largo para quedar orientados hacia el otro acceso. Pero no salgamos todavía. Lo mejor es pedirse un fino Maestro Sierra, vino de las bodegas del mismo nombre elaborado artesanalmente, siguiendo los procedimientos típicos de Jerez. Aunque también es buena ocasión para probar caldos viejos, en particular un palo cortado – ese vino raro que huele a amontillado y sabe a oloroso – que es la joya de la casa.

No hay piedra preciosa que brille tanto como la calidad humana. Alejandro es el joven que nos atiende con mirada amable y palabra delicada. Sus distinguidos modales van aparejados con su cultura: licenciado en Historia del Arte y documentalista. Ahí está. Dando el callo con su magistral psicología de barra. Ha conseguido resucitar el tabanco, que tuvo su época de decadencia. Hoy el local está remozado, sin haber cambiado nada de su idiosincrático aspecto. Siempre lo frecuentó una excelente clientela, cuando el corazón vivo de la ciudad palpitaba en estas calles. Y ahora, pues sus parroquianos son señores que saben estar.

Entre la diversidad de trabajadores que acuden al Pasaje no podían faltar los camaradas de la pluma y del pincel. Este lugar tan literario que visitan poetas, pero hay uno que va todos los días y, si falta, se hacen cábalas para adivinar dónde pueda estar y porras para acertar si todavía es posible que venga. Angel Moreno – popularmente conocido como Nono – es quién digo. Se pueden mantener conversaciones con él conversaciones muy elevadas y gratificantes, de literatura o de cualquier cosa, que ya se encarga Angel de encontrarle la chispa al tema o de visualizarlo desde su peculiar óptica humorística y poética. Tiene el corazón del Príncipe Feliz de Oscar Wilde. Su admiración por Poe o Baudelarie le imprime cierto halo de misticismo a este bendito poeta inédito.

Nino me presentó a Morgado, autor del linograbado que cuelga de la pared del Pasaje y representa al tabanco mismo. Sus ojos destilan una serena bondad. Cualificado artista, ha sabido captar la esencia de este santuario vínico en una escena que cuida los detalles. Su ejecución remite a los grandes del grabado español. En la expresiva atmósfera que crea se encarna la eternidad del instante. Otro principesco corazón, con quién resulta fabuloso compartir el vino eucarístico de los trabajadores.

Mauricio Gil Cano

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